El Castell d’Artana. Una fortaleza de la Sierra de Espadán

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Informe tècnic. Isabel Moraño Poblador, José Mª García Fuertes

Índice

1.- Marco histórico-arqueológico del valle de Artana

2.- El proyecto de investigación

3.- El Castell d’Artana en la actualidad

4.- El Castell d’Artana: una aproximación a sus fases de ocupación

5.- Bibliografía

Marco Histórico-Arqueológico del Valle de Artana

Los datos arqueológicos que actualmente se manejan sobre el Valle de Artana son escasos y descontextualizados. Básicamente se centran en el hallazgo de algunas piezas arqueológicas y en el conocimiento que se tiene sobre la existencia de diversos yacimientos, en la mayoría de los cuales no se han realizado intervenciones metodológicas. Es en estas escasas menciones arqueológicas sobre la zona y en ciertas alusiones al valle recogidas en las fuentes escritas de época medieval y moderna, donde encontramos, hoy día, gran parte de la información que nos ha permitido encuadrar el área estudiada en los diferentes contextos históricos tratados, aunque, por el momento, de forma muy general y con carácter provisorio, debido a las lagunas existentes como consecuencia de la carencia documental antes aludida.

Los primeros antecedentes de una ocupación humana del valle se remontan al Paleolítico Medio, como parecen indicar los hallazgos efectuados en el yacimiento de “El Pinar”; restos pertenecientes a un hábitat al aire libre encuadrado dentro de un “musteriense evolucionado de industria tosca”, con una cronología que se sitúa en torno al 7000 a. C. (Casabó. 1985; Casabó, Rovira, 1992).

Entre el conjunto de yacimientos arqueológicos conocidos, destaca un pequeño grupo que nos remiten al periodo Eneolítico. Esta vez, los restos en ellos encontrados, no quedan referidos directamente a lugares de hábitat sino a espacios funerarios. Es el caso de los enterramientos colectivos aparecidos en la “Cova de la Masadeta”, “El Teniente”, “Castellets”, “Racó de Tirana” o la “Cova del Tronc” (Esteve, 1997; Mesado, 2001).

Sin duda, dentro del periodo mencionado, destaca el idoliforme, conocido como la “Deessa d’Artana”, hallado en la partida de “Les Mallades”.

(Fig. 1). Se trata de una pieza tallada en piedra calcárea, que representa una figura antropomorfa de esquematismo ancoriforme con los brazos en eje semicircular, abiertos hacia lo alto, como claro símbolo de petición u oración (Mesado, Roca, 1997; Mesado, 2001).

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Fig. 1. Ídol d’Artana

El número de hallazgos pertenecientes a la Edad del Bronce parece más reducido ya que sólo contamos con las referencias alusivas a la aparición de restos datados en dicho periodo en la “Cova del Ferro”, “Cova de Pep”, “Coveta del Pinar” o “la Llometa del Fondo”.

A pesar de las referencias bibliográficas sobre un posible origen griego o prerromano de Artana asociado a la ciudad edetana de Arctalia, los indicios sobre el poblamiento ibérico y romano en la zona se reducen a una ocupación ibérica en los yacimientos de “El Castell”, “Llometa del Fondo” o el “Rincón de Tirana” y los hallazgos romanos conocidos en las cercanías del nacimiento de las aguas de Santa Cristina y en los yacimientos de “Els Corralets” y “El Pinar” (Arasa, 1995).

El periodo medieval, así mismo, queda atestiguado en algunos puntos del término municipal de Artana como ocurre en la “Muntanyeta del Pinar”, “La Marjaleta”, “La Solana” o “Els Corralets”, destacando especialmente, como después veremos la fortaleza conservada en la “Muntanyeta del Castell”. Vestigios pertenecientes a esta época también podemos intuirlos en la propia trama que actualmente conserva el casco urbano de la población (Ortells, 1986) y en la lápida incrustada en las paredes de su iglesia parroquial que reza: “Alí Zobeid, Dios es Allah y Mahoma su profeta” (Fig.2).

Fig. 2. Inscripció àrab

Fig. 2. Inscripción árabe

Desde el punto de vista documental, dentro del periodo medieval y para la fase musulmana, dada la escasez de información que actualmente se tiene sobre ella, son importantes las alusiones que encontramos en los textos del autor árabe Al-Udhri, en el siglo XI, sobre la existencia de una fuente y una balsa en el término de Artana, así como las del “Llibre del Repartiment” sobre una alquería llamada Mezquita o Algimia.

En época cristiana, afortunadamente, la documentación escrita es algo más abundante, y gracias a ella, sabemos que tras la conquista, en el 1238, el valle de Artana fue donado a Guillem Romeu, para pasar en el 1240, el castillo, a manos de Guillem de Montcada quien, en 1258, se lo concede a su hijo, Guillem Ramón, junto con las alquerías del lugar.

Tras un lapsos de unos años, encontramos que es la familia Tous quien ostenta la titularidad del señorío de Artana durante el siglo XV. Dicho señorío, en el s. XVI, se incorpora al Ducado de Villahermosa, figurando ya en 1611 Carlos de Aragón como señor cuando concede carta de población a los nuevos vecinos tras la expulsión de los moriscos llevada a cabo en 1609. Al parecer el último señor del que se tiene constancia es D. José Gurrea de Aragón, ya en el s. XVIII.

El Proyecto de Investigación.

Partiendo del pequeño esquema histórico-arqueológico expuesto en el apartado anterior, nace, durante la primavera del año 2001, promovido por la corporación municipal del Excmo. Ayuntamiento de Artana, el proyecto de investigación: “Estudio Histórico-arqueológico del valle de Artana (Castellón)”, cuyo principal objetivo, como su nombre indica, se centra en el estudio histórico del valle de Artana a través de la investigación arqueológica y documental.

Las características geofísicas del valle de Artana, con grandes posibilidades de exploración económica, centrada en sus recursos agrícolas y mineros, y de gran importancia estratégica gracias a su localización neurálgica dentro de la Sierra de Espadán (Fig. 3), son dos de los principales factores que explican la continuidad del poblamiento en él desde fases antiguas. Su estudio es, sin duda alguna, necesario para completar la investigación sobre el marco en el que queda inscrito, que no es otro, que el de La Plana Baixa y la Sierra de Espadán.

Fig. 3. Situació geogràfica d'Artana

Fig. 3. Situación geográfica de Artana

La primera actuación arqueológica que se ha acometido dentro del proyecto son las distintas intervenciones llevadas a cabo en el yacimiento de “El Castell”, iniciadas durante el verano del 2001 y centradas en cortas campañas de excavaciones sistemáticas que se han proseguido ininterrumpidamente hasta el 2004, costeadas con las subvenciones de la Dirección General de Patrimonio de la Generalitat Valenciana y el Excmo. Ayuntamiento de Artana.

Hasta el momento, dichas intervenciones, han posibilitado aproximarnos al desarrollo de las diversas fases de ocupación del yacimiento; extraer una planta básica e inédita de las distintas estructuras conservadas, visibles en él; iniciar la exhumación de diversas habitaciones, entre las que destaca un patio porticado, que provisionalmente relacionamos con un área palacial o casa señorial y plantear una primera valoración de su estado arquitectónico de cara a su recuperación como monumento. Resultados que, de forma genérica y con carácter divulgativo, presentamos en este texto.

El Castell d’Artana en la actualidad

El Castell d’Artana se sitúa en un pequeño cerro localizado al N del municipio de Artana (Fig.4 y 5). Este cerro, de 341 m de altura s.n.m., queda delimitado al W y N por la Rambla de Artana, al S por el valle donde se sitúa dicha población y al E, algo más distanciado, por el curso del Barranc de Castro.

Fig. 4. Situació del Castell

Fig. 4. Situación del Castell

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Fig. 5. Vista parnorámica

Su ubicación en la parte central del valle le permite la cómoda explotación agrícola de los terrenos que le circundan y, a pesar de su escasa altitud en relación con los montes que le rodean, le dota de un campo visual inmejorable para el control de todo el valle y el curso de la Rambla, ruta natural de acceso al interior de la sierra y al litoral.

Los restos visibles hoy día en el cerro conforman una fortificación, básicamente estructurada en tres superficies o espacios (Fig. 6):

Fig. 6. Recinto superior

Fig. 6. Recinto superior

El recinto superior, casi rectangular, está delimitado por una línea doble de muralla en la cual se aprecian, al menos, siete torres de planta cuadrangular pegadas a su lienzo exterior (Fig. 6 y 7), en una de las cuales se abre una ventana de tipo mudéjar, realizada a principio del siglo XX. La mencionada línea de muralla envuelve y protege un amplio espacio ocupado por una serie de restos arquitectónicos, algunos de los cuales, como después veremos, adquieren gran interés, no sólo desde el punto de vista material sino también histórico-arqueológico.

Fig. 7. Vista aérea

Fig. 7. Vista aérea

Es en ese espacio donde actualmente se viene interviniendo con excavaciones en extensión sistemáticas, no obstante, resulta arriesgado y un tanto prematuro dar a conocer la distribución y funcionalidad del recinto dado el estado en el que se encuentran los trabajos, todavía en fases iniciales. No obstante, provisionalmente, podemos decir que esta zona de la fortificación parece estar presidida por una torre, que denominamos “mestra” o “major”, levantada en su parte central, la cual fue dinamitada durante las guerras carlistas para evitar el empleo de la fortaleza por las tropas de Cabrera (Fig. 6, 7, 8 y 9).

Fig. 8. Torre "mestra" o "major"

Fig. 8. Torre “mestra” o “major”

Dicha torre presenta dos cuerpos visibles y su traza indica que al exterior tenía forma octogonal. La técnica constructiva de toda la estructura se basa en el empleo de un mortero muy duro y compacto, reforzado en los ángulos con contrafuertes realizados íntegramente de ladrillo (Fig. 8 y 9).

Fig. 9. Torre "mestra" o "major"

Fig. 9. Torre “mestra” o “major”

El cuerpo inferior, construido a modo de podio, está compuesto por un aljibe en buen estado de conservación, de planta octogonal, con cúpula esquifada o de aljibe (Fig. 10).

Fig. 10. Interior de la Torre

Fig. 10. Interior de la Torre

Del cuerpo superior sólo se ha conservado su planta, en la que se aprecia la impronta de las paredes y el umbral de acceso, al que se debía llegar mediante una escalera o puente levadizo. Así mismo, en el suelo, aún se observan las distintas canalizaciones que regulaban el aljibe situado en el cuerpo inferior y el brocal del mismo.

Junto a esta torre se llevaron a cabo, durante la campaña 2011, tres sondeos que permitieron documentar la existencia de varios pavimentos y estructuras, que, por ahora, ante la falta de contextos cerámicos claros, no podemos asegurar su pertenencia a fases anteriores al siglo XIV (Fig. 11). Entre las estructuras documentadas cabe destacar un muro de mortero de cal, muy endeble, aparecido en cl sondeo 1, adosado a la torre-aljibe, que podría funcionar, según su técnica constructiva, en una fase avanzada de la fortaleza, como plataforma para ubicar la entrada a la planta superior de la torre, dada su alineación con el umbral antes mencionado. Esta plataforma se localiza directamente sobre otra con distinta técnica constructiva, que aparentemente corresponde al momento de construcción de la torre.

Fig. 11. Sondeo 1, corte E

Fig. 11. Sondeo 1, corte E

También fue en los mencionados sondeos, concretamente en el sondeo 3 y 4, donde se localizó una estructura, realizada mediante la técnica de tapial, que, a modo de muralla, corre paralela, por el sur, a la torre anteriormente descrita, (Fig. 12 y 13), además de una serie de pavimentos asociados a ella que podemos datar en los siglos XIV-XV.

Fig. 12. Corte W

Fig. 12. Corte W

Fig. 13. Vista de la excavación

Fig. 13. Vista de la excavación

Por otro lado, en el sector occidental del recinto superior, la excavación del sondeo 2, puso en evidencia la existencia de diversas dependencias o habitaciones, de las cuales nos es desconocida su funcionalidad dada la escasa superficie exhumada (Fig. 14).

Vista Sondeo 2

Vista Sondeo 2

En el sector oriental de dicho recinto, durante las campañas de 2002, 2003 y 2004 se puso ele manifiesto, sin lugar a dudas, uno de los hallazgos más relevantes aparecido hasta la fecha en esta fortificación. Se trata de un conjunto arquitectónico que provisionalmente asociamos con el área residencial señorial del castillo, dado el carácter “palacial” al que remiten las estructuras y acabados que lo conforman (Fig. 15 a 25).

Fig. 15. Zona residencial

Fig. 15. Zona residencial

Dicho conjunto arquitectónico, del cual aún no se ha podido conseguir su planta completa, está constituido por varios espacios, de funcionalidad distinta, que, por ahora, identificamos con dependencias, habitaciones y un patio porticado que, al parecer, hace las funciones de distribuidor de las mencionadas habitaciones, al menos de las situadas en la parte oriental de la fortaleza. El conjunto es de gran belleza y, afortunadamente, se ha constatado en relativo buen estado de conservación pese al abandono y a los actos de vandalismo que recientemente han sufrido ciertas estructuras tras su exhumación.

Concretamente se han localizado tres habitaciones o estancias, además del susodicho patio, el cual hemos denominado “dependencia 2”. A él se abre por el sur la dependencia 1 y la 4 y 6 por el norte. Todas ellas, como decimos, se hallan parcialmente excavadas, pero aún conservan elementos y rasgos constructivos que nos ayudan a comprender su esquema arquitectónico. Es el caso de las diversas pilastras localizadas en la dependencia 1, distribuidas equitativamente a lo largo de toda la sala y que, evidentemente, conformarían el soporte de los arcos que sustentaban el techo, y, posiblemente, la base de una planta superior, como apreciamos, de forma mucho más evidente, en la dependencia 6, donde, el arranque de dichos arcos, se realiza de sillería (Fig. 16). Posiblemente a las ventanas de esa planta superior, pertenecería el capitel encontrado en la dependencia 1, de gran interés artístico y arqueológico ya que en él aparece el escudo de armas de los Romea, familia que, como ya se ha explicado, se documenta en el valle de Artana tras la conquista cristiana, es decir, en el siglo XIII. Se trata de un capitel, de pequeñas dimensiones y fuste de escaso diámetro, rasgos que nos hacen identificarlo con un parteluz de ventana (Fig. 17).

Fig. 16. Nacimiento de Arco

Fig. 16. Nacimiento de Arco

Fig. 17. Capitel con escudo de la familia Romea

Fig. 17. Capitel con escudo de la familia Romea

Así mismo, en la dependencia 4, aún se aprecia claramente la puerta de acceso al patio y una ventana, ambos tapiados en un momento avanzado de la vida de la fortificación (Fig. 18).

Fig. 18. Ventana y puerta de acceso al patio

Fig. 18. Ventana y puerta de acceso al patio

De todos los ámbitos excavados hasta el momento, en el sector oriental del recinto superior, destaca, especialmente, el patio en torno al cual se distribuyen las estancias antes mencionadas (Fig. 19). Como puede apreciarse en la planimetría levantada del mismo (Fig. 20), se trata de un espacio cuadrangular, porticado y pavimentado, del cual aún nos falta definir con mayor exactitud su pared o límite occidental. En él llama la atención su técnica constructiva, especialmente la utilizada en las columnas y el suelo. Como puede apreciarse en la parte gráfica adjunta, éste último se realiza con cantos rodados unidos con mortero de cal, pero conformando, en planta, un dibujo geométrico que sintetiza y enfatiza la distribución de los espacios, es decir, diferenciando entre la superficie que queda dispuesta al aire libre y la techada o porticada (Fig. 19 y 20).

Fig. 19. Imagen del patio

Fig. 19. Imagen del patio

Fig. 20. Dibujo en planta del patio

Fig. 20. Dibujo en planta del patio

La primera superficie, la no techada, situada en la zona central, está marcada por una suave pero continua y clara pendiente hacia el ángulo SW; ángulo que queda ya dentro del espacio porticado y en el que se localizan las estructuras denominadas E.1 y 13, correspondientes a un pozo, que aún conserva el brocal, y a una pequeña balsita adosada al mismo, junto a la cual, más al W, podría existir otra pequeña balsa o zona de recogida de aguas (Fig. 18 y 21).

El espacio porticado y techado, con una anchura de 130/150 cm y delimitado por ocho columnas de planta octogonal, se distribuye en torno a la superficie abierta, envolviéndola (Fig. 20). Dichas columnas están confeccionadas con ladrillos de cantos biselados, alternados con capas de mortero de cal que, finalmente, se enlucen con una espesa, pero endeble, capa de mortero de tonalidad rosada (Fig. 21 y 22). De las ocho documentadas, tres de ellas conservan un alzado considerable, en torno al metro, destacando la columna E.3, situada en la zona central del ala oeste, que, a diferencia del resto, presenta una basa de sillería (Fig. 21).

Fig. 21. Columna octogonal

Fig. 21. Detalle columna

Fig. 22. Columna octogonal

Fig. 22. Columna octogonal

Fig. 23. Pozo y base de columna

Fig. 23. Pozo y base de columna

Igualmente, sobresale en esta estancia el sistema de recogida de aguas del aljibe localizado en la parte inferior de la misma. Dicho sistema se forma por un sofisticado trazado de tuberías y canalizaciones, construidas también con ladrillo y mortero, que discurre paralelo a los muros medianeros que separan el patio de las dependencias colindantes. La mejor conservada se ha localizado junto al muro situado al norte del patio, perteneciente a la dependencia 4 (Fig. 24). Se trata de una caja de ladrillos en la que se canaliza el agua procedente de una bajante situada en el ángulo NW, formada por un tubo cerámico que en posición vertical, se inserta dentro del muro medianero. Desde la canalización horizontal se conduce el agua hasta uno de los pozos abiertos en el pavimento, pertenecientes al aljibe situado bajo el patio (Fig. 25). Construcción que, por tanto, debemos considerar como parte de este conjunto ya que, aparentemente, todo el sistema de recogida de aguas planificado en el patio tiene como objetivo su almacenamiento en el aljibe. Éste, en realidad, desde el punto de vista arquitectónico, conforma una gran obra, constituida por dos dependencias, construidas con bóveda de cañón apuntado y separadas por una pared medianera en la que dos arcos, también ligeramente apuntados, las ponen en comunicación. Por último, en referencia a la zona central del recinto superior, cabe señalar la existencia, junto al lienzo de la muralla septentrional y paralelo a la torre “mestra”, de una construcción cuadrangular abovedada, que podría datar de las fases más modernas de la fortaleza, dada su técnica y ubicación dentro del recinto (Fig. 26).

Fig. 24. Canalizaciones de agua

Fig. 24. Canalizaciones de agua

Fig. 25. Aljibe bajo el patio

Fig. 25. Aljibe bajo el patio

Fig. 26. Estancia abovedada

Fig. 26. Estancia abovedada

El segundo espacio o recinto documentado en el yacimiento se desarrolla al S del anterior, en una cota inferior (Fig. 6). Aparece amurallado por su lado meridional y finaliza en una torre de planta rectangular situada al W de la fortaleza (Fig. 27). Ciertos indicios apuntan a que quizás en este recinto se encontraba la puerta y zona de acceso a la fortaleza, sin embargo, por el momento, habrá que esperar a futuras intervenciones en el yacimiento para poder corroborar este aspecto.

Fig. 27. Restos de muralla

Fig. 27. Restos de muralla oeste

El tercer recinto diferenciado en el cerro del Castell está formado por una amplia terraza, situada al Norte del recinto superior y en una cota inferior, presidida por los muros y torres de éste (Fig. 28) y delimitado por un foso que discurre al N del castillo y prosigue por la ladera E del cerro (Fig. 29). Tampoco en esta superficie se han podido efectuar, por el momento, actuaciones arqueológicas, dado que hoy día aún tiene un uso agrícola.

Fig. 28. Muro norte

Fig. 28. Muro norte

Fig. 29. Foso

Fig. 29. Foso

Los resultados obtenidos en las distintas intervenciones llevadas a cabo en el yacimiento, ponen de manifiesto, desde el punto de vista cronológico y arquitectónico, una complejidad mayor de la que sus estructuras visibles dan a entender. Aunque la técnica constructiva observada en los dos tramos de muralla conservados, parece indicar una mayor antigüedad del recinto superior, algo lógico espacialmente hablando, hoy por hoy, el registro arqueológico nos permite hablar de la existencia de varias fases constructivas dentro del mismo, de las que sólo podernos datar algunas, pero no descartar que el segundo recinto no haya coexistido con el anterior desde el principio y que su estructuración actual corresponda a reorganizaciones espaciales, o reconstrucciones, posteriores.

De cualquier modo, lo que sí evidencian los restos estudiados es que, en una de las fases constructivas existentes en la fortaleza, se percibe una predilección por el empleo del ladrillo combinado con otros materiales pobres, así como una preocupación por los efectos decorativos que se traduce, no sólo en la presencia de yeserías y azulejería, como las documentadas en su día por D. González Martí (1952), sino incluso en la proyección que tienen algunas construcciones, cuyo ejemplo más obvio lo podemos ver en la forma octogonal de la torre mestra. Estos rasgos unidos a los datos cronológicos que nos aporta el estudio arqueológico y documental, nos lleven a incluir alguna de estas construcciones medievales dentro del estilo gótico-mudéjar, aspecto que las convierte en uno de los pocos ejemplos de esta arquitectura existentes en la provincia de Castellón y de la Comunidad Valenciana, y que confiere aún más valor al Castell d’Artana.

El Castell d’Artana: Una aproximación a sus fases de ocupación

Como hemos indicado en el capitulo anterior, los resultados preliminares obtenidos en las diferentes campañas de excavaciones efectuadas aún son limitados, pero de ellos se deduce la gran imponencia de este yacimiento arqueológico en el que se aúnan, al menos, tres importantes asentamientos pertenecientes a la cultura ibérica, musulmana y cristiana.

La primera fase, que centraríamos a lo largo del Ibérico Pleno e Ibérico tardío, es decir, en el eje cronológico comprendido entre los años 450 y 212 a. C., sólo es conocida por la presencia de restos cerámicos. Aunque éstos aparecen dispersos por gran parte del recinto superior, aparentemente se concentran en el sector occidental del mismo, según nos marca el registro de materiales perteneciente al sondeo 2, donde se hallaron mezclados en los rellenos y nivelaciones de las estructuras en él documentadas.

Fig. 30. Recinto musulmán

Fig. 30. Recinto musulmán

Creemos que sería durante el periodo musulmán cundo se construirían las líneas básicas de la fortaleza que hoy vemos o, al menos, parte del trazado que siguen los lienzos de muralla y torres que conforman el recinto superior (Fig. 30). No obstante, esta segunda fase de ocupación, hoy por hoy, constituye más una intuición basada en la presencia de ciertas técnicas constructivas observadas en la muralla, que esperan ser estudiadas en futuras intervenciones, que un hecho probado, ya que, lamentablemente, los restos cerámicos recuperados aportan poca información a la hora de aclarar la existencia o no de dicha ocupación. Sin embargo, la falta de material cerámico puede explicarse por otras causas, como, por ejemplo, el uso al que se destinó, en el periodo histórico mencionado, el recinto, el cual, no necesariamente tuvo que tener un carácter residencial, militar o de coerción como parece ser que adquiere en épocas posteriores (Fig. 31).

Fig. 31. Recinto cristiano

Fig. 31. Recinto cristiano

Tras la conquista cristiana, a diferencia de otras fortalezas de la comarca que van perdiendo entidad o son abandonadas, el Castell d’Artana parece continuar su desarrollo según se deduce de la documentación consultada y evidencian los restos arquitectónicos conservados. El rey Jaime I donó en fecha 18 de octubre de 1238 el valle de Artana a Guillem Romea por sus servicios en la conquista del nuevo reino, pero muy pronto, en el año 1240, pasará a manos de Guillem de Moncada quien donara a su hijo, Guillem Ramón, el castillo y alquerías de Artana en el año 1258.

Estas variaciones en la posesión de estos territorios parece que fue en detrimento dala población musulmana de la zona, puesto que en 1276 se produce un alzamiento de los mudéjares de la Sierra de Espadán, lo que provocó la mediación en el conflicto del rey Pere III, que el 10 de marzo de 1277 ratificó, en Artana, los fueros, derechos y franquicias concedidas por Jaime I a los musulmanes de Castro y Alfondeguilla.

Entre 1354 y 1383 Artana pasa a manos de Rodrigo Díez, vicecanciller de Pere IV, momento en el cual los musulmanes de Castro, Alfondeguilla, Segorbe y Artana se sublevaron pasándose al bando castellano de Pedro el Cruel en la guerra, comúnmente conocida de los “dos Pedros”, que enfrentó al reino castellano y al aragonés. Evidencia de la posible participación de la fortaleza o del valle de Artana en este conflicto es un documento fechado en 1364-1365 que muestra el pago efectuado por la villa de Vila-real a un abanderado y su hueste que se dirigían a Artana.

Posiblemente, como consecuencia de los diversos alzamientos mudéjares o de la guerra de los dos Pedros, durante el siglo XIII-XV, el castillo de Artana sufre una importante remodelación, consistente en la edificación, dentro del recinto superior, de una torre de planta octogonal asociada a una línea de muralla que parece dividir aquél, a la vez que parece construirse diversas estructuras o dependencias en la parte occidental del mismo.

A partir de este momento el Castell se convierte en una importante fortaleza y residencia del señor, según se desprende, por ejemplo, del acto de procuración de Jofré de Tous, señor de la Baronía de Artana y Sollana, firmado ante el notario Pere Llop en el mismo castillo de Artana (…in castro Artana…) el día 12 de noviembre de 1404.

Otro documento que indica que el castillo fue una de las residencias habituales de los Señores de Artana es un codicilo del 4 de octubre de 1467 sobre la herencia de Jofré de Tous, redactado en el castillo de Artana y en el cual donaba a su hijo Pere el valle y castillo.

En 1525 Carlos V decretó la conversión y bautismo de los musulmanes de la Corona de Aragón, lo que conllevó una nueva revuelta de los musulmanes de la Sierra de Espadán, en la cual desconocemos el papel jugado por el valle de Artana.

La fortaleza parece que es abandonada durante el siglo XVII según se desprende del hecho que, tras la expulsión de los moriscos, la firma de la carta de población a los nuevos habitantes del valle, realizada en el año 1611 por D. Carlos de Aragón, duque de Villahermosa, se realizase en la villa de Artana y no en el castillo, así como que en 1794 Cavanilles ya lo encuentra en ruinas.

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  1. Jordi López Vilar

    Em pregunto per què no s’ha seguit treballant al castell. És urgentíssim consolidar i restaurar les muralles per evitar que acabin d’ensorrar-se i desapareixi per sempre el principal monument d’Artana. Altres poblacions ho han fet; per què Artana no?

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